Corría
el año 1905, cuando tenía lugar en España un acontecimiento
memorable: la celebración del tercer centenario de la publicación
de la primera parte de la obra inmortal de Cervantes, Don Quijote de la Mancha.
Prescindamos aquí de las fiestas que con tal motivo se celebraron en Madrid. Prescindamos, igualmente, de las que tuvieron lugar en Zaragoza, que fueron, en verdad, brillantes: una sesión literaría en el salón de la Lonja; otra sesión en el paraninfo de la Universidad; las honras fúnebres en la Seo por el alma de Cervantes y la inaguración del Museo Provincial. Pero antes de pasar adelante, es de justicia consignar que tanto las fiestas de Zaragoza como después las de Pedrola, se celebraron con toda solemnidad y boato, gracias a la generosidad de un alma prócer: la Excma. Señora Duquesa Doña María del Carmen Aragón e Idiáquez, Duquesa de Villahermosa. Nombrada por las autoridades zaragozanas Presidenta de Honor de la Junta del Centenario, fue verdaderamente la Presidenta real y efectiva. Se produjo con una actividad pasmosa, con un celo grandisimo, con una inteligencia y previsión admirables. Lo pensó todo, lo dispusó todo y hasta -¿por que no decirlo?- lo pagó todo. El resorte de todo ello fue el sentimiento más puro de su amor filial: "Si mi padre viviera ahora -solía repetir- hubiera honrado a Cervantes en Aragón, como yo lo hago." Pero vayamos a las fiestas cervantinas de Pedrola, de las que queremos hacer mención aquí y que dejaron un imborrable recuerdo en la imaginación infantil de quién esto escribe. En la tarde del 9 de Mayo de 1905, se celebró en el Ayuntamiento una sesión pública, que mejor podríamos calificar de velada literaria. Asistieron a ella los niños de las escuelas con sus maestros. El entonces Párroco, por tantos titulos venerable, mosén Paulino Luna, en un discurso de apertura explicó el objeto de aquella reunión, exaltando el mérito de Miguel de Cervantes y diciendo que si todos los pueblos de España se esmeraban en celebrar el centenario de la aparición del Quijote, la villa de Pedrola había de ir a la cabeza de ese moviento nacional de fervoroso entusiasmo, por que en sus palacios se situan los treinta y ocho mejores capitulos de la Segunda Parte de la novela inmortal. A continuación, los señores Maestros D. Isidro Barranco y D. Mariano Pargada leyeron sendos trabajos literarios, basados en la obra cervantina y matizados con los tonos más vivos y patrióticos. Luego tres o cuatro niños, escogidos en ambas escuelas, leyeron algunos trocitos del Quijote y, por último, se cantó por todos los niños un himno a Cervantes, con lo que se dio fin al acto. ¡Ah! Este gran coro infantil continuó cantando su himno por las calles del pueblo, con gran complacencia de los vecinos. Nuestro escaso oido musical de entonces no nos permite decir si en el canto había, o no, la debida afinación. Lo que si aseguramos es que aparecía desbordante el entusiasmo de los pequeños escolares. A los pocos días -13 de mayo- tenía lugar un acto de homenaje a la señora Duquesa, en su palacio de Pedrola. En él tomó parte, puede decirse, la flor y nata de la intelectualidad zaragozana: la Universidad, el Cabildo catedral, el Colegio de Abogados, el Ateneo, la Diputación Provincial, el Ayuntamiento, la Prensa local. Todas estas entidades estuvieron aquí magnificamente representadas por miembros que, entonces y después, destacaron en la ciencia, en las letras y en la politica. Hicieron el viaje en un tren mixto -no existía entonces mejor medio de traslación que el tren- acompañados del Apoderado-Administrador de la Casa Villahermosa, don José María Torres, abogado y agricultor, todo en una pieza. La propia Duquesa doña Carmen, acompañada de su ilustre heredero, el entonces Duque de Luna, Excmo. Sr. D. José Antonio Azlor de Aragón y Hurtado de Zaldivar, tan vinculado siempre a Pedrola por el afecto, venido expresamente de Madrid para este acto, y de sus sobrinas, las Srtas. Cristina Manzano y Naría Azara, salió a larga distancia a recibir a los excursionistas, a pesar de las molestias que aquel día proporcionaba el fuerte viento. Hicieron la entrada en el histórico palacio, no por la plaza sino por la parte de la huerta, entonces sin tapia, lindante con el llamado Tiro de Bola. Todos los vecinos de la Villa, en traje dominguero, recibieron y aplaudieron a los excursionistas a lo largo del Arrabal y de la Calle del Campo. Una vez en la huerta, adornada profusamente con gallardetes y banderitas y en la que se había dispuesto una magnífica tienda de campaña para obsequiar allí con una merienda a los visitantes, de no haberlo impedido el vendaval, quedaron estos sorprendidos ante la riqueza y abundancia de los tapices de seda roja con los blasones de la Casa Villahermosa, entre los cuales destacaba una alegoría del Quijote, pintada, imitando tapiz, por el distinguido artista aragonés don Félix Lafuente. Los guardias de la Casa, correctamente uniformados y equipados, cuidaban de la finca. Desde la huerta pasaron los ilustres huéspedes al Colegio de San José, fundado, como queda dicho, por doña Carmen en 1894, en donde las Religiosas de la Consolación les tenían preparado un acto literario, basado en los personajes más salientes que Cervantes coloca en los fingidos sucesos del palacio de los duques. El discurso de bienvenida fue pronunciado por la niña Josefa Sanz y el de despedida por Vicenta Martínez Leza. Los visitantes alabaron el acierto y la soltura de las niñas en todas sus actuaciones.. Del Colegio, pasando por la huerta y patinejo, marchó la comitiva a visitar la iglesia parroquial, entonces en trance de limpieza y restauración, en donde recibieron las más cumplidas y variadas explicaciones de labios de la propia Duquesa. Utilizando, como a la venida, el mismo corredor o pasillo interior, volvieron a la mansión ducal, cuyas suntuosas estancias y magníficos salones, enriquecidos con obras de arte, admiraron todos con delectación. Destacábase el hermoso comedor, decorado expresamente para esta fiesta por el ilustre artista Ricardo Madrazo, que se había inspirado en la clásica tapicería existente en el Ayuntamiento de Toledo. En él se sirvió un espléndido lunch, preparado por la casa Zorraquino, de Zaragoza. Allí todo era espléndido y magnífico. Baste decir que hasta en la vajilla aparecían lujosamente grabadas las principales aventuras de Don Quijote. Al descorcharse el Champagne, vinieron los brindis. Unos en prosa otros en verso, todos fueron brillantes y constituyeron, hoy todavía, unas piezas histórico-literarias de muy subido valor. Y decimos hoy todavía, porque, recogidos juntamente con las crónicas de Madrid y Zaragoza, pueden aún saborearse en el Album Cervantino Aragonés, publicado también a expensas de Doña Carmen poco antes de su muerte. Intervinieron don Mariano de Pano, como presidente del Ateneo; el poeta don Alberto Casañal; el canónigo y eminente orador sagrado don Florencio Jardiel; el catedrático de la Universidad don Ricardo Royo Vilanova; el alcalde accidental de Zaragoza don Emilio Soteras, a quien la Duquesa colocó desde el primer momento en lugar preferente, recordando la unanimidad con que el Ayuntamiento de Zaragoza había votado la declaración de Hija predilecta en honor de la señora Duquesa, y el propósito de dar el nombre de Villahermosa a una de las calles del ensanche; el general Saleta; el literato De Benito; y el escritor costumbrista Gregorio García-Arista, que improvisó unas cantas baturras, de las que escogemos las tres siguientes:
La salida de los excursionistas fue por la escalera principal del Palacio, en cuya parte superior habia mandado Doña Carmen pintar la suiguiente hermosa inscripción, que constituía a la vez una delicada atención a los viajeros y que perura todavía:
El patio presentaba parecido aspecto al de toda la vivienda. Colgados magníficos tgapices de los balcones y expuestos en los intercolumnios los telones pintados por Lafuente, por doquier aparecían escenas del Quijote. Ya en la plaza, la despedida fue entusiasta: apareció Doña Carmen en el balcón para dar el último adiós a los expedicionarios, y el pueblo entero prorrumpió en grandes aclamaciones. Mientras estas cosas pasaban en la mansión ducal, la gente menuda sacabámos tambien nuestra parte. Quiso la señora que todos los niños y niñas de la localidad fueran obsequiados con una buena merienda y que esta merienda se distribuyese en las escuelas. No es preciso decir que la asistencia aquella tarde rebasó la capacidad de los locales. Hasta los chicos del Cabezo, que nunca se distinguían, precisamente, por su puntualidad, hicieron acto de presencia con bastante antelación. Y no salieron defraudados, porque la merienda consistió para cada uno en pastas variadas, un puñado de avellanas y un filete de ternera, incluido en un trozo de pan blanco. Para estas fiestas se habían levantado en el pueblo arcos de triunfo, uno de los cuales estaba colocado ante la entrada del Palacio. Por las noches menudeban las serenatas y las rondallas en honor de Doña Carmen, que no se detenían por lo común hasta la escalinata central, siempre con coplas expresivas, llenas de cariño y agradecimiento. Entre los cantadores de antemano señalados (y algún que otro espontáneo) sobresalía siempre, por su estilo y potencia de voz, Faustino "el trajinero". Cuantas veces salía la Duquesa al balcón de la escalinata para agradecer las jotas, otras tantas era aclamada y entusiásticamente vitoreada.
Durante las fiestas celebradas en nuestra Villa con motivo del tercer centenario de la publicación de la primera parte de la obra inmortal de Cervantes, aparecieron oportunamente las figuras de Don Quijote y Sancho Panza, caracterizadas en los vecinos Facundo Sinués y Cándido Chueca. Y cátate que, en una de estas veces, empezó
Doña Carmen diciendo: "Gracias, hijos míos, Qué os daría
yo para agradeceros... " Y sin dejarla terminar, un mozo de entre la multitud -¡ vaya usted a saber quién! -gritó "¡Vacas!" -"Sí, sí - repitió el gentio: -¡Vaquillas, vaquillas!- -"¡Pues las tendréis!" ¡Vendrán los toretes! (así llamaba Doña Carmen a las vaquillas) Y ¡vaya si las hubo! ¡Dos tardes, nada menos! Como para las fiestas de San Roque, con su correspondiente entrada por la calle del Campo, que la Duquesa presenció desde el balcón que da a tal calle, encima de la Portalada. Y hubo algo más. Las dos tardes, antes de comenzar la corrida, abrió plaza desfilando en jacarandoso caballo un alguacilillo vestido a la antigua usanza, época de Felipe IV: traje negro, compuesto de calzón y medias negras, jubón, esclavina y sombrero de alas recogidas. Este alguacilillo de los "toretes", acertadamente representado por Baltasar Guerrero, tras de dar unas vueltas a la plaza, recogía la llave que la propia Duquesa le lanzaba desde el balcón principal del Palacio. Hizó a continuación su entrada la banda de Música que dirigía Manuel Bericat -ya desde sus origenesm en el siglo XIX, la dirección de nuestra Banda de Música estuvo siempre vinculada al apellido Bericat- y, detras de la Musica, aparecieron, con gran regocijo de la gente, las figuras hilarantes de Don Quijote cabalgando sobre Rocinante y de su escudero Sancho Panza montando en su jumento. Ambos personajes, perfectamente caracterizados, estaban representados, respectivamente, por Facundo Sinues Navarro y Cándido Chueca, aquel Cándido "Rana", risueño, gordinflón y rechoncho, que para imponer silencio a las mujeres que cada mañana acudian a su tablajería, para proveerse de carne para el cocido, echaba mano de una torguga que tenía danzando sobre el mármol del tablero y amenazaba frotar con ella los ... labios de las mas impertérritas y locuaces, mientras decía: "¿Y pa dos perras gordas de carne y una gorda de tocino que vienes a comprar, es menester gritar tanto?"
El alguacilillo a la antigua usanza, representado por Baltasar Guerrero,
que salio a pedir la llave en las dos corridas de vaquillas celebradas
con motivo de las fiestas centenarias del Quijote.
Es el hecho que, durante dos tardes, se corrieron
vaquillas. ¡Y que modo de correrlas! Permítasenos citar algunos
nombres de los mozos que, por entonces, mas se distinguian por su valentía
y destreza: Timoteo Logroño, Enrique Chueca, Manolo Gracia (Magas),
Chato el Romo (Emilio Sancho), Lamberto Lidoy, Simón Ruiz, "Pedrete"...
Ninguno de ellos hubiera consentido que la vaquilla, por brava que fuese, hubiera vuelto al corral sin haberle dado un recorte, tocándole el testuz y salvándose luego por piernas. Y ¡cuidado, que, sin los obstaculos de ahora, era grande la plaza! En ocasiones, eran dos los jóvenes, que, poniéndose de acuerdo, tocaban los dos en un solo recorte las astas de la vaquilla, haciéndola girar en devanadera y dejándola pegada al suelo, sin saber a cual de los dos perseguir. Y era nota simpática que todos ellos, antes de su faena, miraban al balcón de Doña Carmen, como diciéndole: "¡Va por tí!". Al acabar la corrida del segundo día, una compacta muchedumbre, mozos en su mayor parte, se apiñaba ante el Palacio, dando vivas a la Duquesa y lanzándole boinas, que ella devolvía con emoción. Y aquí podría decirse que terminaron las fiestas, de no haber éstas tenido un apílogo digno de mención: una comisión de labradores, presidida por el Párroco, y formada por Cayetano Sancho, Vicente Solsona, Manuel Sancho y los hermanos Manuel y Tomas Pascual pasaron a saludar a Doña Carmen y a pedirle su ayuda para el arreglo del azud de la acequía de Luceni, en el río Jalón y aprovechar así las aguas, tan necesarías para los campos. No solamente fueron bien acogidos, sino que salieron con la cantidad necesaria para las obras, bien cumplida por cierto.. Por todo ello, el Ayuntamiento de Pedrola, reunido en sesión extraordinaria el día 18 de Mayo, "acordó por aclamación unánime, e interpretando los deseos del vecindario: 1.º El profundo agradecimiento y gratitud hacia la Señora, por los baneficios y favores que dispensa a la localidad, entre los que sobresalen la fundación benéfica Villahermosa-Guaqui, creada en memoria de sus amados padres y esposo, para premiar anualmente y por partes iguales, entre las clases necesitadas de Zaragoza y Pedrola, el estudio y aplicación, así en las Letras como en las Artes y aún en los trabajos y faenas de la Agricultura; como igualmente el donativo de 5.000 pesetas, que para obras ha hecho a la Comunidad de Regantes de la Real Acequía de Luceni, por las grandes ventajas que con ellas ha de reportarse a este vecindario. 2.º Declararla "la hija más predilecta de Pedrola", toda vez que los habitantes de esta villa siempre la han considerado como hija de la población, sino por su nacimiento por las afecciones y recuerdos más intimos de su alma. 3.º Que se cambien el nombre de la callde de la Tienda por el de la Excelentísima Señora Duquesa de Villahermosa. y 4.º Que el Ayuntamiento en pleno pase a visitar a dicha Señora en su morada y, a la vez que le comunique los acuerdos anteriores y le haga entrega del título correspondiente a que se refiere el 2.º acuerdo, sea intérprete de los sentimientos de respeto y cariño que inspira a todo este vecindario. El Alcalde, Isaac Tobar. El Secretario, Ricardo Fraile. Digámoslo de una vez: el pueblode Pedrola miraba, como suelo decirse, por los ojos de la Duquesa Doña Carmen; y la Duquesa Doña Carmen amaba de todas veras al pueblo de Pedrola. Y de la compenetración de estos sentimientos surgió la colaboración que se precisaba para el mayor esplendor de las fiestas centenarias del Quijote. |